jueves, 15 de julio de 2010

Hinchas canguros


Unos 200 fanáticos presenciaron el entrenamiento. Hubo fútbol reducido incluso bajo el agua.

Lo único que puede parar la fuerza de este Boca, parece, es la lluvia. O por momentos, se le anima hasta al cielo. ¿Cómo no hacerlo si aquí, en Melbourne, a miles de kilómetros de casa, más de 200 personas se acercan para observar el entrenamiento? Pudo haber sido la escena de cualquier mañana de Casa Amarilla, pero fue en la tarde australiana. En su primera práctica de este lado del mundo, el plantel trabajó a la vista de un numeroso grupo de fanáticos, la mayoría argentinos residentes y con camisetas de Boca. Sin embargo, en el arranque de la entrada en calor, los jugadores debieron meterse en el gimnasio para guarecerse de la lluvia. Luego de un rato, salieron otra vez al campo y Borghi dispuso fútbol reducido, que contó con la presencia de su hijo, pero que no se jugó como un simple picadito, sino que fue tomado en serio por jugadores y el cuerpo técnico. Se pedía control y movilidad y había gritos de arenga cuando alguna jugada no salía. Al final, jugaron un par de minutos desafiando otra vez a la lluvia. ¿Quién los iba a parar?

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