viernes, 25 de marzo de 2011

Falcioni apuesta por la buena convivencia de Riquelme y Palermo solitos arriba.


Ayer, el Loco la metió y Román también. ¿Saldrá bien?

A Julio César Falcioni no hace falta someterlo a ninguna prueba de ADN. Este Boca, al menos el que jugará ante Colón, fue concebido por él. El miércoles había probado un 4-4-1-1 con la premisa de unificar dos corrientes que parecen no poder convivir en un mismo equipo: las dos líneas de cuatro y un enganche. Mandó a Riquelme más adelante tratando de no perder llegada pero, fundamentalmente, solidez defensiva. En el ensayo de ayer, acentuó esa idea pero con un esquema más flexible que contempla una línea de tres a la hora de atacar (un 3-3-3-1) y una línea de cinco para defender (5-3-1-1). Así, en retroceso, Boca llega a defender con ocho jugadores de campo, dejando arriba a Riquelme y a Palermo. Para JC, se sabe, el mejor ataque es una buena defensa.

Pero la nueva apuesta incluye, sobre todo, una nueva convivencia entre Román y Martín. En tregua extrafutbolística, atenuados aquellos cimbronazos internos por la cercanía del retiro del goleador (de terminar en paz se trata), estos tiempos que los verán por última vez juntos parece plantearles otro desafío, casi como compañeros de ataque. Jugará Riquelme mucho más cerca de Palermo y habrá que ver, en definitiva, de qué modo.

Por lo pronto, en las prácticas, Román se apoyó mucho en el pivoteo de Martín. En esa descarga para poder rematar de media distancia y también en el juego aéreo del Loco para estar atento al rebote, a la segunda jugada. Ante cada rechazo de un defensor en combate con el goleador, ahí estará JR, buscando sacarle provecho a su cercanía con el arco.

Ayer mismo, con este esquema, Palermo pudo convertir en la práctica. No fue un pase de Román, pero sí uno en cortada de Erviti. El equipo hizo una buen ensayo contra un combinado de pibes de Reserva y Cuarta, reforzado en el arco por García (Lucchetti será titular el domingo). En 45 minutos, hubo llegadas, control de pelota, lateralización y verticalidad. Y, sobre todo para Falcioni, seguridad defensiva. Lucchetti casi no la tocó.

¿Y Román? Participativo y pisando el área (como en un cabezazo que se fue desviado tras un centro de Chávez), metió un gol de tiro libre pero no valió porque fue en el segundo intento. La intención es que tanto Pochi como Erviti sean los encargados de trasladar la pelota, para que Riquelme y Palermo puedan sacar provecho en los últimos metros.

Ellos dos, más juntos que nunca (sólo en la cancha, claro), son la nueva carta de Boca. Si se llevan bien ahí arriba, en el final de una historia que quiere verlos como salvadores, se sabrá el domingo...

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