jueves, 10 de febrero de 2011

Riquelme ganó el partido cuando a los titulares se les complicaba.


Por ahora, no hay sociedad con Erviti, que se hace enlace cuando Román para.

Es el único con mangas largas y con un pantalón largo cortado apenas arriba de las rodillas en vez de un short. Es el distinto entre 22 jugadores que están en la Bombonera. Trota y estira como todos, también forma parte los trabajos con pelota. La diferencia la hace con la ropa pero fundamentalmente con lo de acá arriba. Con la cabeza. Con un pase. Con una pausa. Con todo eso que lo vuelve capaz de ganar un partido de entrenamiento (y de campeonato) como ningún otro. Es Juan Román Riquelme.

No se lo va a ver esforzándose de más en una práctica, como no se lo vio en los partidos de verano, ni muy cercano a ningún otro jugador durante el entrenamiento. Román anda solo y apenas se mueve en dupla con Mouche cuando a los dos les da ganas de ir al baño antes de que arranque el ensayo de fútbol. En el campo, a la hora del juego, es como si le costara entrar en ritmo y encontrarse con los que juegan a su lado. Se mueve para buscar espacios, para convertirse como siempre en la principal alternativa para recibir la pelota y a partir de ahí, buscar al compañero mejor ubicado. No hay intensidad ni continuidad en su esfuerzo. No tiene nada que demostrar. “Lo que importa es Godoy Cruz”, suele decir.

Más intenso que él se muestra Walter Erviti, nuevamente integrante del equipo titular. No se mueve a la distancia, arranca en el sector izquierdo cerca del lateral y se cierra frecuentemente para asociarse. Lo hace con Clemente, juega corto con Somoza y trata de llevarles la pelota a los de arriba, Mouche y Palermo. Recorre toda la cancha. Sale rápido de contra, sin pisadas ni lujos. Es más alternativa de Riquelme que complementario, que ladero. Sirve para que, cuando el 10 baja el ritmo, él agarre la pelota y se convierta en el conductor. Para que haya continuidad de juego. En esos momentos, algunas veces, es Román el que ocupa posicionalmente el sector izquierdo delante de Clemente.

En deuda están los encuentros entre uno y otro (apenas seis pases entre ellos). Aunque no es la idea que Erviti se la pase siempre a Riquelme y viceversa. Para tener al mismo jugador que brilló en Banfield, Falcioni necesita darle independencia a su refuerzo más pedido, y no hacerlo Riquelme-dependiente. Si no aparece uno, o lo tapan, debe estar el otro. Ahora, una de las pocas veces que se cruzaron le sacaron brillo a la pelota: en el espacio de una baldosa, con un rival en el medio, el Caño recuperó, se la dio a Román y esté se la devolvió al pie para iniciar una contra velocísima que de casualidad no terminó en gol.

Para Riquelme, el partido arranca recién cuando siente que hace falta su intervención. El gol de los suplentes, 1-1 a los 14 minutos del segundo tiempo, es lo que provoca su reacción anímica en una jugada que incluye dos dobles paredes por la derecha: entre Román y Rivero, primero, y entre Román y Palermo, después. Ya con la pelota dominada en la línea del área chica, pisa el freno, engaña con un pequeño movimiento del cuerpo y acomoda la pelota a centímetros de su amigo Javi García. Para ganar él su primera práctica de fútbol con el equipo ideal.

Es Juan Román Riquelme. Diez hay uno solo.

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