sábado, 5 de febrero de 2011

Riquelme y Erviti tuvieron su estreno juntos en una práctica y mostraron que tienen pura química: se buscaron, se entendieron.


Cómo explicarle a ese pichón que cuenta su edad con los dedos de una mano que lo que sus ojos disfrutan es tan sólo un ensayo? ¿Cómo contener la emoción del Tano Pascual, ese fanático convertido en talismán adosado a cada práctica, y hacerle entender que apenas está gozando de las primeras pinceladas? ¿Cómo frenar a esa señora que supo regodearse con glorias pasadas y ahora sueña con estos cracks en primera persona? ¿Cómo moderar esta ilusión? ¿Cómo se hace? Si alguien tiene la respuesta, que la diga ahora o calle para siempre. Esta crónica ya empezó...

Hay intérpretes de nivel. Hay buenas intenciones. Hay jerarquía comprobada. Hay Román Riquelme. Hay Walter Erviti. ¡Ay, señor, qué Boca se viene! La primera mirada, contemplativa con el poco rodaje acumulado, señalará que fue un ensayo positivo. En el bautismo de Erviti y Riquelme compartiendo un escenario, tocaron partituras similares. Julio César Falcioni armó una práctica de fútbol de 45 minutos y juntó en el mismo equipo a los dos futbolistas de etiqueta negra. Quería observar de cerca cómo se movían, cómo se miraban, cómo se entendían...

Y terminó satisfecho. Sin grandes lujos, a ambos les alcanzó para ser los más claros de su equipo, lograr la posesión casi total de la pelota y una sana intención de turnarse para que la generación de ataques no se convierta en una responsabilidad individual. Se buscaron en varias oportunidades (ver aparte), aunque sin asistencias ni paredes a montones. Hubo pura química, sí, mucha precisión, también, y la demostración de que el conductor del equipo será Riquelme y de que luego de un tiempo prudencial de adaptación Erviti se puede convertir en un socio de elite. Se vislumbra, sin temor a las exageraciones iniciales, que en el futuro cercano se gestará una dupla capaz de otorgarle a Boca el circuito de juego que viene reclamando desde épocas no tan cercanas.

La foto inicial del partido mostrará a Erviti, por primera vez en una práctica de fútbol desde que el miércoles empezó a entrenarse en Boca, ubicado como volante por izquierda. Pero el parado preliminar se desarmó apenas Javier Sanguinetti (Falcioni observó todo el ensayo a un costado) pitó el silbato. El ex hombre de Banfield se movió casi constantemente por el medio, permitiendo la proyección del lateral Leandro Aguirre (esa función la cumplirá Clemente Rodríguez) y tratando de estar en contacto directo con la pelota. Activo y comprometido, igualmente se notó que le falta cambiar más rápido el ritmo, lo que conseguirá en el día a día de trabajo. “Romy, Romy” lo llamó al 10 para pedirle la bola. “Buena Román”, lo alentó tras una buena maniobra de JR, e incluso le chocó la mano. Puede resultar una nimiedad, pero es destacable su personalidad para no apichonarse y pedirle siempre la pelota a un jugador que a veces intimida a muchos de sus compañeros.

Riquelme, por su parte, volvió a hacer fútbol luego de la pretemporada en Tandil y estuvo muy enchufado. Ordenó a su equipo, pegó un par de gritos e intentó mostrarse siempre como posible receptor de pase. Se lo notó compenetrado a full con el juego. Remató dos veces al arco y por momentos intercambió roles con Erviti. El lugar que más cerca los vio fue entre el círculo central y el área grande. Falcioni pretende que la sociedad arranque por el medio y que desde ahí nazca el fútbol de Boca.

Así, el equipo derrotó 2 a 1 a la Reserva, con dos buenos goles de Ricardo Noir y Lucas Viatri, en el último suspiro del partido. Battaglia se paró como volante por derecha y Méndez en el centro (ver aparte). Si se considera que el lugar de Jesús será ocupado por Leandro Somoza, Pelusa podría formar su mediocampo ideal combinando corazones batalladores y botines finos.

Aunque resta definir si Erviti podrá estar en la primera fecha ante Godoy Cruz (ver aparte), sólo hay espacio para una última reflexión: ¿Será éste un Romance para toda la vida?

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