sábado, 23 de abril de 2011

El equipo sufre de arriba hasta en las prácticas. Ayer, los suplentes ganaron varias y el partido terminó 1-1. JC corrigió hasta que se cansó...


Es un día con cambios de ánimo. O al menos, de actitud. Extremos. Con dos versiones de Julio César Falcioni. La del inicio de la mañana y la del final. ¿Qué pasó en el medio? Javier Sanguinetti es el que reparte las pecheras para el equipo suplente. Los titulares son los que por descarte quedan con la remera azul de entrenamiento. Están Lucchetti; Cellay, Caruzzo, Insaurralde, Monzón; Chávez, Somoza, Erviti, Colazo; Mouche y Palermo. Son tres cambios en defensa (la vuelta de dos titulares como Cellay e Insaurralde) y uno en el medio. El gran ausente, sin embargo, es uno solo: Román Riquelme, con un desgarro oblicuo en el abdomen.

No bien arranca el ensayo, el primero de la semana, Falcioni entra en calor a pesar del frío. Se saca el buzo azul y queda en remera. Se lo ve inquieto, casi en una permanente marca personal a sus titulares. Pide circulación de pelota y presión. A los volantes, a los delanteros... Pochi Chávez no lo hace en una oportunidad y se enoja feo: “Tengo 55 años y yo tomo las decisiones. ¡Tenés que comerle el orto!”, le grita, luego de cortar la jugada y hacerla repetir.

La presión y más presión, con superioridad numérica sobre la pelota, es lo que satisface al técnico. Y cuando un quite termina en centro de Colazo, rebote de Javier García y zapatazo con furia de Palermo, se siente pleno. Porque ve que su pedido se cumple y da buenos resultados. Los titulares ganan 1-0.

Una vez que su equipo la recupera, el DT reclama el pase abierto de Somoza o Erviti a uno de los volantes externos (Chávez y Colazo) y luego, el centro al área. La otra opción que ensaya es jugar con Palermo, la devolución de primera y el pase profundo a los delanteros o de nuevo para los que van por afuera. Y el tercer movimiento es que Erviti se suelte, penetre la línea de volantes rivales y tome alguna de las decisiones anteriores. “Ahí se metió Walter”, avisaba Píccoli para que buscaran al jugador que debe cubrir el hueco de Román.

Los problemas de Falcioni aparecen de golpe. En defensa, nada nuevo por otra parte. El primer tiempo dura 20 minutos y es todo de los titulares. En el segundo, apenas comienza, Noir se escapa por la derecha, busca el centro al área, Viatri anticipa a Caruzzo y el cabezazo da en el palo. Enseguida, en un córner de Araujo, Sauro le saca una cabeza a Insaurralde y le da al travesaño, previo manotazo de Lucchetti. Falcioni se queda mudo. Como si el fantasma de Stracqualursi y de varios más aparecieran por Casa Amarilla. Se muerde los labios. Y para colmo, en otro nuevo avance de los suplentes, Viatri le gira a Caruzzo, Cellay cierra y va al piso, pero el rebote le cae a Noir, quien define fuerte y al medio. Es el 1-1.

Ya no hay reacción. No hay presión, circulación ni llegada. Tampoco gritos de Julio César. Hay una jugada que grafica el clima y las sensaciones: Colazo da un pase atrás y Caruzzo quiere dominar la pelota en el punto penal, pero le pasa por debajo de la suela. No hay más por hacer ni por decir... Gaona Lugo no puede aprovechar ese error y parece mejor que el partido se termine. Eso hace el técnico, entonces. Los 40 minutos que vinieron después, de trabajo defensivo en un arco y ofensivo en el otro, son en busca de una solución. Porque la realidad es que hasta en las prácticas le cabecean en el área...

No hay comentarios:

Publicar un comentario