jueves, 28 de abril de 2011

Gaona Lugo, gran aparición juvenil del 2010, volvió bien de la lesión y ahora quiere cumplir su sueño.


“Triunfar con esta camiseta”, dice.Pude volver a jugar y eso me hace muy feliz. Pasé momentos complicados, pero ya está… Ahora hay que seguir sumando minutos, ganar en confianza y recuperar el tiempo perdido”. A Orlando Gaona Lugo le volvió la sonrisa. Atrás quedaron casi siete meses duros, plagados de inseguridades y a los que les puso una enorme voluntad para rehabilitarse a conciencia, sin regalar nada.

El 10 de octubre del año pasado ante Tigre, el Paraguayo se había puesto por sexta y última vez la camiseta de Boca en Primera. Como sentía una molestia, los doctores le indicaron uno estudios casi de rutina. Pero el diagnóstico resultó complicado: fractura por estrés del tercio medio de la tibia izquierda. “Cuando me dijeron, no lo podía creer. No entendía nada. Pensaba: ‘¿Por qué me tocó a mí?’”, cuenta.

La bronca de Gaona Lugo tenía que ver con que no se trataba de una lesión normal para un futbolista. “Una fractura por estrés o sobrecarga es una fisura delgada en un hueso que se desarrolla por la aplicación prolongada o repetitiva de fuerza sobre el mismo. La lesión que sufrió Orlando no es muy común en jugadores de fútbol. Habitualmente se da en marchistas, maratonistas, bailarines y hasta en soldados”, explica el doctor Pablo Ortega Gallo. Y agrega: “Al ser una lesión de difícil pronóstico, con porcentajes importantes de falta de consolidación y reaparición, teníamos dos caminos a seguir: operar o rehabilitar. Hablamos con el jugador y él decidió no operarse”.

Después de tomar la determinación de evitar el quirófano, primero lo inmovilizaron, luego tuvo que hacer reposo y más adelante comenzó con la rehabilitación. “Rápidamente asumí la lesión, acepté las indicaciones que me daban los doctores y cumplí al pie de la letra con todos los trabajos. Lo más difícil de manejar era la ansiedad por el tiempo que estaba perdiendo fuera de las canchas. Y otro tema que me costó fue trabajar alejado del resto de mis compañeros. Fueron cuatro meses durísimos, dale y dale en el gimnasio. Pero en ningún momento perdí la fe, sabía que iba a volver”, dice el juvenil de 20 años, nacido en Villa Hayes, una localidad cercana a Asunción.

Ya en los entrenamientos, el Paragua había mostrado sus mejores virtudes. El miércoles de la semana pasada, por fin, pudo volver a jugar unos minutos en Reserva contra Lanús. Y el domingo estuvo de titular ante Huracán y metió dos goles. Ahora vendrá el momento de seguir sumando minutos y ganando confianza. Porque superó un obstáculo complicado que le presentó el fútbol y sigue con el mismo sueño: “Cuando Adolfino Cañete me propuso probarme en Boca, no lo podía creer. Por lo que significa este club y porque acá jugaba mi ídolo: Rodrigo Palacio. Tuve suerte y me aceptaron, pero nada fue sencillo”, dice. Y completa: “Fue complicado vivir lejos de mis afectos y, además, esperar cumplir los 18 años para estar habilitado. Después aparecieron una serie de lesiones que fueron postergando mi salto a Primera. Y cuando lo logré, apareció la inoportuna fractura. Ahora quiero volver con todo. Mi sueño continúa siendo el mismo que traje desde Paraguay: triunfar con la camiseta de Boca”.

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