sábado, 18 de junio de 2011

Martín vivió su propio partido: el día de su despedida como jugador, dio la asistencia del segundo gol de Cellay y lo festejó como suyo.


Abandonó el campo con lágrimas en los ojos...

Ya desde el vamos era un partido especial para Martín Palermo. No sólo porque era el último, sino porque enfrente estaba uno de sus máximos rivales, el primero de su carrera: Gimnasia. El Loco vivió un partido aparte en La Plata, y lo disfrutó como debía hacerlo.

Como no podía ser de otra manera, en el último minuto de juego demostró su grandeza con una asistencia de cabeza para el segundo gol de Boca y de Cellay: la bajó y lo dejó mano a mano con el arquero para que el defensor la empuje. El máximo goleador de la historia xeneize lo gritó con el corazón como si hubiese sido propio, y después abandonó el campo de juego con los ojos inundados de lágrimas y emoción.

Los hinchas lo despidieron con aplausos y agradecimientos, intentando devolverle toda la alegría que el 9 les dio. Se va un ídolo...

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