lunes, 29 de noviembre de 2010

Boca tuvo voluntad pero no hizo mucho para ganarlo. Sensini fue más audaz que Pompei con los cambios.


La imagen es la del gol. “Jugá fuerte”, parecen gritar desde el banco. Méndez y su liviandad pierden una pelota clave en la mitad de cancha, Caruzzo falla de manera inadmisible en tres cuartos, Luis Rodríguez hace su gracia y Boca se desarma. Si el viernes a Ramón lo molestó una Mosca, ayer a Pompei lo picó una Pulga...

Y Boca perdió porque jugó muy light, por momentos tal vez desangelado. Incluso con atisbos de rebeldía anímica y futbolística vigentes de la victoria frente a Arsenal, mostró poquito. Muy poquiTito.

La primera mirada, previsible, señala que el problema no era el sistema. Aun con el inodoro en el baño y la mesa en el comedor, a Boca le queda muy grande el concepto de equipo. En Rosario fue un conjunto de individualidades, devaluadas, que se volvieron con las manos vacías ya que enfrente hubo un técnico audaz que apostó a ganador y se llevó un pleno. Y, está claro, un derechazo que Luis Rodríguez le contará a los nietos de sus nietos.

En el mismo instante, las agujas giraron al revés para los entrenadores. Sensini acertó. Pompei pifió. El ingreso de Salvatierra por Vella y, nueve minutos después, la entrada de Taborda en lugar de Bernardi desnudaron sus intenciones: tres puntas, más Formica y Sperdutti. ¿Alguna duda de su objetivo? Tito, en cambio, sacó a Chávez, el mejor de Boca, y metió a Colazo, de características algo más defensivas, pese a que su idea era que Nico tratara de romper y llegar por sorpresa. Pero no resultó. Y así, sus hombres retrocedieron y le cedieron el sprint final a Newell’s, que hasta ese momento había complicado por el ida y vuelta de Estigarribia (delató la lógica lentitud de Cellay, considerando su larga inactividad), el empuje de Bernardi y algunas pinceladas de Formica, un desfachatado que combina talento con contenido.

Cuando Boca quiso hacer algo parecido a una triangulación, Chávez no tuvo socios. A Palermo le quedó muy lejos el festejo 300 y el prometedor Araujo, esta vez, no saldrá en la tapa de los diarios. Faltaron las famosas pequeñas sociedades pregonadas por Menotti. El mediocampo fue zona liberada y la transición, muy rápida, a pesar de los intentos de Erbes (junto a Pochi y a García, los tres puntos más altos) de distribuir con criterio.

Pompei sabe que se lleva trabajo para la semana. El propio (otra lectura en las modificaciones durante el juego; animarse a más) y el de sus jugadores (¡despertarse!). Sensini, por su parte, puede dormir tranquilo. Su ambición tuvo premio: bajó a Boca, aunque eso hace rato dejó de ser noticia.
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