viernes, 17 de diciembre de 2010

Riquelme ya lo había anticipado por TV y cumplió: recibió un cheque con parte de la prima y lo devolvió al club


El gesto fue muy bien recibido en Boca.

No se lo vio metiendo un pase-gol de ésos que llevan su sello, como aquel toque sutil a Palermo para el gol a River en el Monumental, en el Clausura pasado. Tampoco se lo vio clavando la pelota en un ángulo mediante un tiro libre, como en aquella final de la Sudamericana 08 contra Arsenal. Ni siquiera se lo vio llevado en andas festejando un nuevo título con la camiseta que ama, como las nueve veces que salió campeón. Sin embargo, en este final de año, como si fuera un partido a puertas cerradas, Juan Román Riquelme consumó su mejor jugada. No fue, como los hinchas hubiesen preferido, dentro del campo de juego. Ocurrió en una oficina, casi sin testigos. En un gesto que lo enaltece, el 10 de Boca cumplió con una promesa que había hecho pública y le devolvió al club el cheque que recibió con parte de la prima de este semestre. “Vamos a ver si la plata que tengo que cobrar de esta parte del año se puede usar para arreglar el vestuario o la cancha. Como hincha de Boca yo no puedo cobrar, no me siento bien cobrando esto. Por eso quiero hablar con el presidente de este tema”, había dicho en una entrevista televisiva.

La noticia fue confirmada por la dirigencia de Boca, que tomó como un buen gesto la decisión del enganche, quien apenas jugó un partido y medio en el Apertura. Después de estar en el centro de la polémica del año debido a la renovación de su contrato por cuatro años, Román no pudo revalidar en la cancha aquella medida tomada por la CD. Pero esto le hace muy bien al que más se la jugó por él: el presidente Jorge Ameal.

En el momento de asegurarse el nuevo vínculo hasta junio del 2014, Riquelme se encontraba lesionado. Operado en mayo de la osteocondritis en su rodilla izquierda, el 10 quería volver a mediados del Apertura para devolver la confianza de los que creyeron en él y demostrarles que estaba intacto a los que no estaban de acuerdo con su continuidad por tanto tiempo en el club, No pudo ser. Su regreso fue ante Argentinos, en la fecha 13. Jugó los 90 minutos. A los pocos días, en un entrenamiento en Los Cardales, sintió un dolor en el tendón de Aquiles de la otra pierna. En el partido con River se notó que no estaba en condiciones físicas para jugar: antes de los diez minutos ya había pedido el cambio. Deambuló por la cancha hasta que en el entretiempo, Borghi lo sacó. No jugó más. Apenas 135 minutos de acción, y no al 100%, es lo que pudieron verlo sus hinchas en este segundo semestre del 2010. Los médicos decidieron que parara hasta el año que viene para evitar un problema mayor.

Dolido y con ganas de haber jugado más, hace unos días se encontró en el vestuario con Daniel Angelici, ex tesorero del club y el hombre que más se opuso a la extensión del nuevo contrato. En el breve diálogo, Riquelme subió la apuesta. No sólo dijo que iba a jugar al menos 15 partidos en el próximo Clausura sino que hasta anticipó el festejo: “Y vamos a salir campeones”. Confiado, espera revertir en el 2011 su mala racha en este año que se va, en el que jugó poco y nada, y en el que no pudo alcanzar un buen rendimiento en lo futbolístico. Justamente, esa situación terminó generando una polémica inútil con Guillermo Barros Schelotto. El Melli declaró que Román había jugado poco debido a las lesiones y que era difícil hacer una evaluación de su juego. Susceptible, Román contragolpeó: “Fue por una operación. Yo no tuve siete desgarros en un año”.

Decidido, la semana pasada, cuando fue a cobrar su sueldo, Riquelme se encontró con un cheque en el que figuraba el monto correspondiente a parte de la prima del semestre. Así como lo recibió, Román lo devolvió. Un pase de primera, en un solo toque, para dejar boquiabiertos a unos cuantos.

A diferencia del polémico “año gratis” que él dice haber jugado (en vez de resignar dinero por los dos años de contrato que le quedaban, negoció jugar uno más), esta vez sí tuvo un gesto que no admite segundas lecturas ni sospechas de demagogia. No se sintió cómodo al cobrar lo que no se ganó y punto. Fue su mejor jugada.

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