jueves, 13 de enero de 2011

"Algún día podré decir que jugué en Boca". (Reportaje a Rivero)


Paulina, de dos años, habla detrás de su papá. Casi encima. Antonella, de cinco meses, es la que aporta el llanto de fondo y no lo deja dormir en las noches. “Quiero disfrutar de los últimos días con ellas, después me voy a Tandil a descansar, a dormir de corrido”, dice Diego Rivero, y se ríe de su propia broma, evidentemente feliz porque acaba de cerrarse su pase a Boca. “Hace una semana salió que ya estaba todo, pero se fue demorando... Esto es algo que siempre quise”, cuenta.

En la casa de sus suegros en Moreno, el Burrito juega con sus nenas, a la vez que habla con Olé y empieza a preparar su primer día en Boca. Hoy se realizará la revisión médica y pasará por el club para firmar su préstamo por un año. Y mañana espera estar en Tandil. “No es que no hice nada en todo este tiempo, estuve trabajando en San Lorenzo con los chicos relegados. Físicamente estoy perfecto, no a la par del grupo pero con ganas y bien de la cabeza”.

-¿Cómo hiciste todo para estar bien de la cabeza?

-Por mi familia, por mis compañeros de San Lorenzo que me alentaron para estar bien, confiando en que algo iba a salir. Y por suerte fue Boca.

-La suerte te ayudó bastante, te salió bien.

-Es algo increíble que Boca me haya venido a buscar. Es mucho para mí. Me devolvió la alegría después de un semestre no muy bueno, me devolvió la confianza, las ganas.

-¿Habías perdido las ganas y la alegría?

-Más que nada la alegría, no las ganas de laburar. Porque en este último semestre se hablaron muchas cosas y, después de haber estado cinco años en el club, recibido mucho cariño y haber sido el capitán, de repente nada. Te sacan todo, y te ponés medio triste. Entonces, quería nuevos objetivos y desafíos. Y surgió uno muy grande.

-Lo normal es que estas chances aparezcan cuando venís siendo figura...

-Es verdad, no cuando estás colgado. Pero en muchos clubes se mencionó mi nombre, algo debo haber hecho bien en mi carrera para pasar a Boca...

-Las cartas de póker, el eje de la discordia con Ramón Díaz por jugar hasta tarde en la concentración, ¿las llevás con vos a Boca?

-No, ya los dejé hace rato, ja. Voy tranquilo, esperando integrarme rápido al grupo. Lo que pasó con el póker fue una tontera y después de que salió eso quedamos expuestos a cualquier cargada. Siempre se recordaba lo mismo.

-¿Cómo imaginás Boca?

-Estar ahí con lo que es Boca... Todos hablan del Mundo Boca, vamos a descubrirlo, disfrutarlo y hacer un buen año. No todos los días aparece algo así. El día que me retire podré decir: “Yo jugué en Boca”.

-¿Te considerás un jugador para Boca, por despliegue y sacrificio?

-Ojalá, todos conocen mi juego. Pero con los años uno aprende más cosas. Logré tener mayor tranquilidad, porque al principio era muy protestón, me amonestaban o me echaban. Y ahora calmé la calentura... No la calentura, sino la aceleración. La edad y los consejos ayudaron.

-¿Qué consejos?

-Recuerdo que en San Lorenzo, luego de haberle ganado a Boca, me echaron a los 15’ de un partido con Banfield. El técnico me lo remarcó y aprendí.

-¿Quién era el técnico?

-Ramón, jaja.

-Ahora, con Falcioni hay una historia particular: te había pedido cuando jugabas en Chacarita.

-Me había llamado, pero me fui a México. Es un eterno agradecimiento por querer llevarme a Banfield. Recuerdo que le dije: “Ojalá algún día podamos estar juntos”. Y ahora se da.

-¿Qué significa jugar con Riquelme y Palermo?

-Son históricos de Boca, ganaron todo, ojalá pueda aprender de ellos, vivir el fútbol como lo viven. Riquelme y Palermo son enormes. Lo que le sucede a Martín en la vida futbolística es inexplicable. Espero disfrutarlo y ayudarlo a que salga goleador, ja.

-¿Y cómo pensás que será tener a la Bombonera de tu lado?

-No sé cómo decirlo, espero saber aprovecharlo, disfrutarlo. Recuerdo que cuando vine con Pachuca, mis compañeros se sacaban fotos en la Bombonera y no lo podían creer. Claro, así no podíamos ganar nunca: salimos distraídos y perdimos 4-0. Ahora, espero tener eso a favor.

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