domingo, 24 de julio de 2011

Griffa no culpa a Falcioni, pero dice que las malas campañas no ayudan a los pibes. También ve otros factores negativos:


Los juveniles que juegan por lo económico y los dirigentes que venden sin tener recambio.

Pudo haber jugado en Boca. Fue a comienzos de los años 60, cuando Alberto J. Armando lo fue a buscar a Madrid para que dejara el Atlético y se sumara al equipo de estrellas que estaba conformando. “Te quiero llevar a Boca, te pago el doble”, le dijo el legendario presidente xeneize. “Don Armando, yo recién llegué acá y tengo cinco años de contrato”, respondió él. Recién en 1996, como coordinador de Inferiores, Jorge Griffa y Boca se encontraron. La relación se interrumpió cuando se fue a trabajar para la Federación Mexicana. Y renació el año pasado, ya no como jefe sino como una especie de consultor y supervisor. “Ahora manejo mis tiempos, sin la exageración y la locura de antes, cuando trabajaba de 8 a 22”.

-¿Cómo encontró a las Inferiores en su vuelta? -Tanto en Newell’s como en Boca, cuando agarramos la primera vez, estaban menos diez. Ahora, acá está todo encaminado. Lo que sí cambió en este tiempo es la mentalidad de los chicos, porque se insertó un problema, que es la parte económica.

-¿Antes los pibes jugaban por jugar y ahora no? -Era jugar por el hecho de llegar a Primera. Ahora cambió y tomaron un perfil económico, llegar a Primera para ganar dinero. Eso tiene que ver con que antes se iban menos a Europa y había que jugar mucho tiempo más para poder irse. Es un cambio que empezó a darse cuando llegué a Boca en 1995. Hoy se pierde el equilibrio: primero debe ser el fútbol y luego, lo económico.

-¿Lo económico afectó el nivel? -No le ha hecho nada bien, cuando hay una exageración es perjudicial. El aspecto económico tomó un nivel superlativo.

-Ahora que está de nuevo, en esta realidad, ¿cómo analiza el fútbol juvenil del club? -Va a tener su proyección, como está programado, lo que pasa es que los tiempos son los tiempos. Después de los 15 años se empieza a ver lo que puede ser como jugador y sigue creciendo. De los 20 a los 24 demuestra y avisa que seguirá en desarrollo. Y después de esa etapa alcanza el momento cumbre. Hasta que a los 30 entra en la realidad de la vida. La parte técnica se mantiene, la física se va perdiendo y la psicológica es cada vez más brillante.

-El trabajo en juveniles se mide por los jugadores que aparecen y se venden. ¿Hay más? -Que no queden dudas de que van a seguir apareciendo. Naturalmente, el equilibrio de las ventas y el desarrollo de los chicos va de la mano. Los directivos deben pensar que van a poder vender cuando tengan el relevo correspondiente y no antes.

-¿Por qué en este momento no aparecen? -Sucede que el estado de crispación en la sociedad se corre para el lado del fútbol. Hay ansiedad desmedida. Si ganás, sos exitoso; y si no ganás, es un fracaso. Es la ley natural. El club y los técnicos no quieren estar del lado de la parte perdedora. Pero no hay que pasarse de rosca.

-¿Cuándo es más fácil llegar a Primera? ¿Cuando Boca ganaba todo o ahora que no se gana? -Si se pone a un chico en Primera y se está en etapa perdedora, se hará muy difícil. Y en etapa ganadora, en cambio, con toda seguridad habrá un porcentaje elevado de tener éxito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario