jueves, 16 de septiembre de 2010

El día después de confesar que pensó en largar todo, Jesús Méndez recibió muestras de cariño.


No fue un día más para Jesús Méndez. Fue el día después. De su confesión, de su decisión (y necesidad) de contar su pena. La mañana después de haber dicho que pensó en dejar de jugar, de admitir que sus días en Mendoza lejos del fútbol y cerca de los suyos, sus compañeros no lo dejaron sólo. Así como el martes se fue a comer a la casa de D'Angelo con Rossi y Monzón, ayer le tocó a Matías Giménez, con quien realizó un trabajo específico para carrileros, pasar un buen rato con él. Apoyo no le falta...

Los más jóvenes no son los únicos que se mostraron conmovidos por las declaraciones del volante. Sin su presencia, Borghi (que está contento por lo que rindió ante Olimpo) habló con el plantel y pidió que lo incluyeran en los ratos de ocio, ya que es un chico que, según él mismo dijo, se maneja bastante solo.

Así, mientras descansaba sentado en una de las heladeritas, Martín Palermo se acercó a preguntarle cómo estaba. Lo mismo hizo Juan Román Riquelme. Jesús, que casi siempre se mueve con los más chicos, es un pibe querido dentro del grupo y por eso todos demostraron que no está sólo en esta.

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