lunes, 21 de marzo de 2011

Boca no grita desde el 1-0 a Racing y ya pasaron 403’.


Sacó un punto sobre nueve en la Bombonera.

El Bichi Borghi, por estas horas, podría hacer la gran Cappa y decir: “Mi Boca tenía tres puntos más”. Y no estaría faltando a la verdad. Porque la producción del equipo de Falcioni es más que pobre y, entonces, hay que remontarse hasta abril del 2010 para encontrar la anterior vez que Boca perdió tres partidos seguidos, con Abel Alves como técnico.

El cuadro de JC aún no ganó en la Bombonera y la de ayer fue su segunda caída en tres partidos (1-0 a Quilmes, el 5/12, el último triunfo en casa). Y la estadística también le da vuelta la cara en el ítem de los goles a favor: con sólo dos, es el que menos gritó en el torneo y el último fue hace cuatro partidos y 403’, cuando Mouche hizo el de la victoria con Racing.

Crespi, vice de Boca, se mostró preocupado por el andar del equipo en el campeonato.


"Todos estamos cansados, la gente tiene derecho a protestar", dijo el directivo. A su vez, reveló que no tienen plan B por si Falcioni se va.

La situación en Boca no es la mejor. No es para menos, ya que de ser uno de los candidatos a quedarse con el torneo ha pasado a estar en los últimos puestos de la tabla, con solamente cuatro unidades. Así, la historia del semestre pasado, con el fracaso del ciclo Borghi, pareciera volver a repetirse. A raíz de estos malos resultados, Julio Crespi, vicepresidente xeneize, calificó como un verdadero “desastre” este presente.

“Todos estamos cansados. La gente tiene razón. No a putear porque hay varios jugadores que tienen una trayectoria importante en este club, pero sí derecho a protestar”, expresó en La Red el dirigente con respecto al clima caliente que se vivió dentro y fuera del estadio una vez consumada la derrota ante Olimpo.

En referencia a la situación del técnico Falcioni, Crespi sentenció: “No sé hasta cuándo seguirá el proyecto, pero no tenemos pensando ningún plan B. Tiene contrato hasta diciembre y llegó a Boca por unanimidad”. Apostando a cambiar este complicado panorama, Julio llamó a la unión de todos para torcer este rumbo. Por eso, dijo: “Les pedía todos en el vestuario que tengan precaución. Es un momento para tener cuidado. Hay que seguir para adelante y no abandonar el barco”.

Asimismo, en medio de un año político, Crespi cerró mandando un mensaje para el resto de los directivos: “La Comisión Directiva somos todos, no solamente dos personas. Ahora algunos hacen la plancha".

Explotó Boca. Los jugadores y el cuerpo técnico se fueron insultados y escupidos del campo


Mmás tarde, un grupo de hinchas rodeó el micro y los trató de ladrones. El equipo está penúltimo pero Falcioni no se va.

El playón, de repente, es la cancha misma. Están los bombos, están los hinchas, está esa furia que despidió a los jugadores hace un ratito nomás, en un nuevo Bombonerazo (y van). La ira, incluso, es mayor, porque ahí enfrente sólo está el micro que traslada al plantel, no hay un equipo (tampoco lo hubo ante Olimpo, futbolísticamente cierto), no hay una reacción, no hay nadie. El motor encendido, las ambulancias (?) como escudos, esperan por ellos, sí, ellos, los jugadores, los que acaban de ser declarados culpables por la gente. El canto es acusatorio, hiriente, feroz: “La camiseta de Boca, se tiene que transpirar, y si no, no se la pongan, vayansé no roben más”. Se complementa con el anterior, el que estalló en las tribunas a los 37 minutos del segundo tiempo, cuando ya se veía que Olimpo sería el nuevo Godoy Cruz (o Argentinos, o Tigre, o Lanús, o San Lorenzo, o Racing, todos vencedores en La Boca): “A ver, a ver los jugadores si pueden oír, con la camiseta de Boca, ganar o morir...”. Falcioni, el DT, se fue por otra puerta. Pero ahí, salvo cuando se fue por el túnel (en ese momento la gente hasta escupió a los jugadores), nadie se acordó de él.

Vaya curiosidad: el grito, la bronca, esta vez unió a la barra con la platea. Boca, este Boca, lo hizo. Desde los tiempos de Veira, banderas al revés mediante en cancha de Ferro (y final de su ciclo en Clausura 2008), que la gente no ofrecía una expresión de repudio semejante, que los hinchas no se juntaban en el playón como si fuera el hall del Monumental. Al fin de cuentas, no parece estar lejos esa imagen nacida en Núñez y que, como si fuera un contagio, ahora afecta al otro grande-grande del fútbol nuestro.

Esta vez, ni siquiera el peso de los históricos, de los grandes campeones que tiene este equipo, pudo frenar la bronca de un hincha que ya ve, nota, siente, que los técnicos pasan y que los resultados empeoran. Y si bien en la bolsa entran varios de los referentes de bajo nivel (Palermo y Battaglia), hoy la furia parece caer con más fuerza en los nuevos, en quienes el semestre pasado iniciaron una renovación que no logró cambiar el mismo Boca que arrastra penurias desde el 2009.

El micro, sin Falcioni (es habitual que no se vaya con los jugadores y acaso ayer no quiso alterar la rutina para no colaborar con el caos), se fue envuelto en llamas. Minutos antes, el repudio de la gente también había apuntado hacia el palco presidencial (sin Jorge Ameal) para convertirse en lo que realmente fue: un mensaje con alcance a toda la dirigencia, también responsable en este presente sin antecedente en la última década.

El club afronta hoy eso, su momento de crisis más profunda, sobre todo por el contexto: con un nuevo técnico debilitado en seis fechas (más allá de que haya dicho que sólo se irá bajo escribano), jugadores insultados, históricos cuestionados y una dirigencia que aumenta su imagen negativa. Y su peor campaña de la historia. Todo en un año electoral. Ni la vuelta de Riquelme, ovacionado, pudo apagar tanto fuego. Otra muestra de este Boca que ayer explotó....

El Boca de Falcioni volvió a chocar y, por primera vez, el técnico se fue sin hablar.


Salió del vestuario por la puerta de atrás. Aun muy golpeado, por ahora seguirá.

"En el vestuario hubo un silencio total”, le cuenta a Olé , cerca de la medianoche, una persona que vio rostros de jugadores y entrenador post derrota. Apenas un ratito antes, Falcioni había abandonado la Bombonera por la puerta de atrás. ¿La imagen es todo? A pesar del hermetismo de dirigentes, cuerpo técnico y futbolistas, el DT avisó que el entrenamiento está programado para mañana, a las 9.30, en Casa Amarilla. Pero quedó tan golpeado luego de la cuarta caída de su ciclo que ni tuvo ánimo para ir al velatorio de Adrián De Vicente. Durante la tarde había previsto pasar a darle el pésame a la familia, pero al final prefirió irse a su casa a refugiarse con los suyos. Sus satélites se encargaron de aclarar que Falcioni nunca se va del estadio en el micro junto el plantel, ante la sorpresa generalizada por observar al grupo, solo, soportando los insultos y los cánticos agraviantes de la gente en el playón.

El técnico casi no cruzó palabras con sus colaboradores, a los que también se los notó muy apesadumbrados a la salida del vestuario. Con Ameal no pudo hablar ya que el presidente se fue del estadio en el entretiempo hacia el sanatorio donde internaron a Rivero y Erviti. El único directivo que estuvo en el camarín fue el vice segundo Juan Carlos Crespi. Verborrágico, habitualmente con un chiste a mano, esta vez su semblante pareció ilustrar el sentimiento generalizado que hubo puertas adentro.

Sin dudas, el mazazo que propinó Olimpo se trató del más duro de esta corta gestión de Falcioni en el club. Su esperanza era observar un equipo renovado, en juego y espíritu, pero el rendimiento y el resultado lo dejaron groggy. Sin ánimo de excusarse, el técnico cree que ya probó variantes posicionales y nominales por doquier.

“Van a tener que traer un escribano para sacarme de acá”, había asegurado JCF en una entrevista durante la semana. A sus íntimos les suele repetir que ésta es la “oportunidad” de su vida y que no la desaprovechará, pero los partidos pasan, la reacción no aparece y la incertidumbre crece. De hecho, ayer fue la primera vez que Falcioni no habló con la prensa luego de un partido en Boca. Silenzio stampado que le dicen...

Sin rumbo futbolístico, con apenas cuatro puntos e insultado por su hinchada


Boca mostró que se puede estar peor. Olimpo le ganó muy bien en la Bombonera, la gente explotó y ni los jugadores ni Falcioni hicieron declaraciones. ¿Cuándo fue la última vez que se vivió esta salida de los jugadores?

¿Hace cuánto que no se vivía una noche así en la Bombonera? ¿Hace cuánto que Boca no estaba tan mal, derrumbado y sin rumbo? ¿En serio este era el equipo compacto que se insinuaba en el verano? ¿En serio, con este mismo técnico?

Más allá de situaciones de gol erradas, de chances de empate, la realidad real (en ésta vale la redundancia) es que Boca sigue sin jugar a nada y por eso tiene cuatro puntos. Con Riquelme tiene más posibilidades, sí, pero aún así no juega a nada. Y perdió por primera vez en su historia de local con Olimpo, y ganó un solo partido en el torneo, y se muestra desequilibrado, y cada vez más nervioso, y su arquero sigue sumando errores, y encima lo ayudaron con un gol en contra que no le cobraron, y Palermo sigue peleado con el arco, y Erviti no es ni un cuarto de lo que era en Banfield, y ya tiene que pensar seriamente en cómo va pelear abajo (como lo hacen con dificultad River e Independiente en este torneo) en la temporada que viene, en cómo sumar ya para sufrir menos en el futuro inmediato con el promedio del descenso.

Ya pasó Basile, ya fue Borghi, ahora le toca sufrir a Falcioni. La gente, en la Bombonera, explotó como hacía mucho no pasaba y se la agarró con los jugadores, con los nuevos, con los históricos, acá no hay intocables. La verdad, ¿hacía cuánto que no pasaba esto en Boca? Los jugadores y el técnico se fueron sin decir una palabra.

Hacé memoria, porque del 98 para acá es difícil encontrar una tan brava como ésta...

domingo, 20 de marzo de 2011

Dan miedo y terror verlos jugar...


Jugó como un equipo chico otra vez.
Ni Román pudo darle vuelo al equipo; en la Bombonera, Olimpo, el flamante líder del Clasurua, le ganó 2 a 0 y profundizó una crisis de identidad futbolística; Román jugó los 90 minutos; Erviti y Rivero salieron por golpes en su cara

Falcioni apuesta a los ídolos esta noche ante Olimpo: pone a Román aunque no está al 100% y espera que Palermo corte la sequía...


No hay uno sin el otro. Son capítulos centrales en la historia de Boca. Juan Román Riquelme y Martín Palermo. El cerebro y el goleador. El 10 ya tenía su estatua en elaboración, ahora se viene la del 9. Para no hacer diferencias. Un monumento para cada uno. Justo ahora que vuelven a reunirse para llenar las necesidades xeneizes. El que vuelve para colaborar con su juego, su visión, sus pases. Y el que necesita de ese juego, esa visión, esos pases para retomar su poder de fuego. Historia viva. Esta noche ante Olimpo, a partir de las 20.15 en la Bombonera.

“Hoy, Martín, Román y Battaglia tienen historia y presente con mucho para dar todavía”, explicó ayer Julio César Falcioni, en el programa Dos de Punta, consciente de la importancia de estos referentes que se vuelven a juntar entre los 11, que la gente ovaciona a fondo cada vez que aparecen en la cancha y que son la esperanza de la resurrección.

Por toda esa historia que todavía cuenta con un buen presente es que los dos ídolos se hicieron merecedores del bronce en actividad. Falcioni no puso a Riquelme contra All Boys y la Bombonera se hizo sentir, lo castigó. Si hasta Maradona pagó por haberse enfrentado con Román, cuando todo el estadio se inclinó a favor del símbolo actual que tiene su monumento casi terminado. “La escultura está muy avanzada”, cuenta Martín González, uno de los impulsores del proyecto.

Ya sabe Falcioni, en consecuencia, lo que es tocar a Román y por eso no duda en ponerlo aunque no llegue en plenitud (no juega desde la 1ª fecha ante Godoy Cruz) y tal vez no aguante todo el partido... “Lo pongo porque trabajó bien en la semana con el resto de los muchachos. Veremos si está o no al 100%. Jugó dos veces en seis meses, es difícil en esas condiciones rendir igual los 90 minutos. Pero él es muy importante para dejarlo en el banco”. Si las dos derrotas consecutivas no se hicieron sentir en la semana, justamente fue porque quedaron olvidadas debajo de este esperado regreso a las canchas...

Y con el Loco pasa lo mismo. Es otra idolatría intocable, que ahora tiene también un proyecto de estatua. “Tendrá una altura de tres metros, un centímetro por cada gol, y lo mostrará festejando, con los brazos en alto”, explica Damián Biagetti, el fanático de 25 años que lleva adelante la idea.

Con esto queda claro que por más murmullo que pueda haber cuando el 9 no le acierta al arco (no la mete desde la última fecha del Apertura, 1-1 ante Gimnasia), no hay hincha que se atreva a cuestionarlo en voz alta. Saben que el goleador en cualquier momento puede silenciarlos. “¿Si tiene espalda para bancarse esta sequía? No es la primera vez que le pasa. Y como es Martín, en un momento se le abre el arco y la vuelve a meter de cabeza de 50 metros como con Vélez”, agregó el técnico.

Esta noche en la Bombonera, los dos ídolos volverán a compartir una cancha. Con la responsabilidad de sacar a Boca adelante. Y demostrar que son historia viva...