jueves, 25 de noviembre de 2010

“Lo mejor que puedo hacer es no cobrar este semestre que no jugué”, dijo. Lo hablará con Ameal.


Nadie lo acusó, nadie le dijo nada. Sólo está el lamento convertido en enojo por haberlo perdido durante buena parte del año, de mayo en adelante. Cuando estaba la esperanza de recuperarlo en las últimas fechas y que su retorno devolviera a Boca al camino del éxito. Sí parece estar en la cabeza de Riquelme, sin embargo, la culpa de tener el mejor contrato del plantel y no devolverlo con triunfos. “Por más que me entrene, no me siento cómodo. Por eso voy a hablar con el presidente y ver qué se puede hacer con la plata que tengo que cobrar de junio a diciembre. Tal vez arreglar la cancha, el vestuario...”, contó Román.

Por si no queda claro, lo que quiere hacer Riquelme es no recibir el dinero que le corresponde por este segundo semestre, todo supeditado a una charla con Jorge Ameal. “Lo tengo que hablar con el presidente. El año pasado jugué gratis y me lesioné la rodilla ante Huracán. Como hincha de Boca no me siento bien cobrando sin jugar seis meses. Que eso se use para arreglar la cancha, para lo que sea”, explicó, consciente de que así evite que se diga que cobra mucho y juega poco. Y enseguida agregó: “Yo quiero jugar, quiero irme a mi casa tranquilo. Es verdad que me lesioné jugando, pero quiero vivir en paz, hago lo que siento, lo que me pone bien. Me voy a sentar con el presidente y ver cómo puedo ayudar al club. No me siento cómodo estando seis meses parado. Estoy agradecido del contrato largo, quiero disfrutar jugando. Lo mejor que puedo hacer es no cobrar este semestre”.

No tengo problemas en trabajar con Maradona" y que esperan?


¿Se arreglaron y nadie avisó? ¿O el 10 lo dijo para demostrar que no elige a los técnicos? ¿Qué pasaría si llega Diego? Román se queda o debe pagar una fortuna.

Pregunta: ¿Tu presencia condiciona la llegada de algún entrenador? Escenario: Borghi no duró un torneo y, a la tercera renuncia, se fue. Boca busca técnico que lo reemplace tras el interinato de Pompei. Maradona, tras su paso por la Selección, está libre. En el plantel de Boca está Riquelme, con contrato por cuatro años recientemente renovado. Riquelme renunció a la Selección por Maradona y volverá en cuanto Batista lo convoque, para dar una nueva muestra de que su poblema era Maradona y nada más que Maradona.

Respuesta: “¿A quién, a Maradona? Yo tengo 32 años, sé separar las cosas, tengo todo muy claro, el presidente es el que decide. Si decide que sea Maradona, él va a hacer su trabajo como entrenador y yo como jugador. Y estaremos en el mismo barco para que las cosas nos vayan bien. Nos va bien a todos o mal a todos, nadie se salva solo. Si viene como técnico, va a tratar de hacer su trabajo lo mejor que puede y yo también. Cada vez que entro a la cancha trato de ser el mejor sin fijarme quién es el entrenador, así que no tengo problema en trabajar con él”, dijo en Fox Sports.

Firma: Juan Román Riquelme.

¿Qué pasó? ¿Maradona y Riquelme se amigaron y nadie avisó? ¿Sellaron al menos un pacto de no agresión? ¿Diego puede ser el técnico de Boca? Traducción: Primero lo último. Después de la reunión de mesa chica de ayer, queda claro que el Diez no está entre las prioridades de la dirigencia (ver página 7). Pero la declaración de Román no deja de llamar la atención.

Puede sonar contradictorio y hasta amigable que, después de un distanciamiento que parecía irrevocable, ahora Riquelme se refiera a Maradona simplemente como Maradona. La situación es que el sujeto en cuestión dejó de ser “el técnico de la Selección”, apelativo preferido de Román para referirse a él; y que lo mencione como “el ex técnico de la Selección” quedaría sencillamente ridículo. Sobre todo porque, llegado el caso (improbable) de que compartieran actividades en el club, deberían tratarse al menos profesionalmente. Y esto no significa que algo haya cambiado. Es que más allá de estas cuestiones de forma, hay una realidad: si Maradona llega a Boca, Riquelme también se quedará, aunque no le guste. Antes que nada porque tiene un contrato que contempla una cláusula de rescisión de las dos partes. Si es Boca el que decide cortar, debe pagar la totalidad del vínculo. Si es Riquelme, debería retribuir al club con una cifra que supera largamente un año suyo de contrato.

La relación entre Riquelme y Maradona sigue tan rota como estaba. Román llegó a renunciar a lo que probablemente era su último Mundial por una cuestión de códigos, por defender a su amigo Coco Basile -antecesor de Diego en la Selección-. Habló de cuestiones personales, de distintas formas de encarar la vida. Y es difícil que eso cambie. O imposible. Esa actitud le valió, además, el reconocimiento de casi toda la Bombonera (el casi excluye a la Doce, que se maneja en el campo rentado), que tomó parte por él en el enfrentamiento de los ídolos y obligó a un largo exilio de Maradona.

Si el enganche hace esta declaración tan explícita es para ponerse a salvo de quienes dicen que es el dueño de Boca y pone o saca técnicos. Una frase del estilo “Si viene Maradona, yo me voy” lo igualaría justamente a quien él ubica del otro lado de sus códigos de conducta.

Y también se sintió libre para hablar porque sabe que sería una incoherencia de la dirigencia hacerlos convivir, algo así como tirar una colilla encendida en un pastizal seco, voraz, listo para arder. Una apuesta es incompatible con la otra. Riquelme y Maradona son dos proyectos diferentes, una planificación laberíntica sin línea en el horizonte. Aun cuando los dos logren imponer el profesionalismo por sobre las diferencias indelebles.

Ameal apuesta por Falcioni, pero antes quiere hacer un nuevo intento para convencer a Bianchi.


Bielsa sería el otro DT a buscar. Como lo ellos dos es muy difícil, ahí crecen las chances de JC...

Aunque en un gesto de absoluta sinceridad admitió que no sabía de fútbol, ahora la pelota la tiene Jorge Ameal. Y el presidente de Boca, parece, tiene decidido a quién le dará el pase. Sí, al mismo que nombró como manager aquella vez del “no sé de fútbol”: Carlos Bianchi... A ver, esto no quiere decir que el Virrey vaya a ser el reemplazante de Borghi. Pero significa que Ameal le hará llegar la propuesta al único entrenador sin detractores en el Mundo Boca. Claro que Ameal y compañía saben que difícilmente el técnico más ganador de la historia del club acepte volver. Sin embargo, el Virrey habría quedado arriba en el podio de los tres apellidos que ayer se tiraron encima de la mesa chica, en la reunión que encabezó Ameal con sus dirigentes más cercanos. ¿Quiénes estuvieron? El presidente, los vices José Beraldi y Juan Carlos Crespi, y Fabián Beraldi, Rómulo Zemborain, José Requejo, Costa Pereyra y Juan José Etala. Hoy, a las 19, habrá una reunión de toda la CD en la que se informarán los pasos a seguir.

Detrás de Bianchi volvió a escucharse en boca de un dirigente otro apellido que empieza con B: Bielsa. El Loco todavía no terminó de desvincularse de la selección chilena debido a la impugnación que sufrió Jorge Segovia como nuevo titular de la federación de su país. Además, su PF Luis Bonini ya les había avisado a los dirigentes de River que hasta mediados de enero no podían aceptar una nueva responsabilidad. En Boca, dicen, hicieron un tanteo (habría sido a través de su hermano Rafael), pero nadie se anima a asegurar nada.

Y el tercer mencionado en dicha reunión fue el candidato más potable en cuanto a sus posibilidades de asumir: Julio César Falcioni. El actual DT de Banfield espera el llamado y, a pesar de que el presidente Carlos Portell viene diciendo que su intención es seguir en el Sur, JC estaría en condiciones de desembarcar en enero. Eso sí, habría que arreglar cuentas con Banfield, que pretendería un resarcimiento económico para dejar ir a Falcioni.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Por las bajas de Battaglia por cinco amarillas y la lesión de Viatri, Pompei tiene que meter mano en el equipo.


Cellay va de 4, Clemente de 3, Erbes entra en el medio y Araujo acompañará a Palermo arriba.

La larga lista de lesionados que preocupaba a Tito Pompei, por suerte para el entrenador, ya no es tan larga como cuando comenzó la semana de trabajo. Insaurralde y Cellay están mejor. Medel llega. Entonces, en el equipo que el técnico empieza a armar en su cabeza, hay algunos cambios que ya empiezan a tener nombres propios y otros que podrán seguir para intentar sumar los 12 puntos que faltan y cantar el cartón lleno que busca Boca en este cierre de torneo.

La idea de Tito, tras comprobar que los centrales están en condiciones, es acomodar el fondo con Cellay por la derecha y Clemente por la izquierda, y mantener la línea que presentó ante Arsenal. En el medio, entonces, el único cambio sería el ingreso de Erbes por Sebastián Battaglia, quien tiene que cumplir una fecha de suspensión por acumulación de tarjetas. Y arriba, el otro cambio obligado por la lesión de Lucas Viatri, estaba cantado desde que el domingo el pibe Sergio Araujo la desconsió y convirtió su primer gol en Primera. En consecuencia, si bien todavía tiene un par de días para probar y ajustar detalles, Boca en Rosario formaría con García, Cellay, Caruzzo, Insaurralde, Clemente; Medel, Erbes, Giménez; Chávez; Araujo y Palermo.

Riquelme habló del presente y prometió un Boca mejor, incluso si llega Diego. "Da bronca que se hayan ido tantos técnicos.


Van dos años que no jugamos bien. Queremos ganar el próximo campeonato", dijo Román.

"Si hubiera estado físicamente bien, yo creo que Boca hubiera ganado el partido". A Juan Román Riquelme le sigue doliendo la lesión del superclásico. No sólo en el cuerpo. "Contra River hice la entrada en calor cuidándome y cuando quise arrancar la molestia volvió a aparecer", explicó el 10. También se lamentó por el bajo nivel del equipo en el semestre. Pero también mira para adelante: "Boca va a pelear el campeonato que viene. Lo queremos ganar".

En una entrevista en Fox Sports, Riquelme confesó sus sentimientos por la baja temporada, aunque aseguró que éste no fue su peor año: "Van dos años que no jugamos bien, nos da bronca que se hayan ido tantos técnicos. Pero el hecho de los torneos cortos hace que se olvide más rápido de lo que se consiguió". Y con respecto a la situación de la temporada que viene, además de asegurar de que Boca estará en la pelea, el enganche no dudó en separarse de River: "Nosotros pensamos que no vamos a tener ese problema (por el promedio), confiamos en nuestros jugadores y estamos ilusionados".

Y si de futuro se trata, Román también se refirió al técnico que vendrá en Boca. Disipó los rumores acerca de sus problemas con Guillermo Barros Schelotto e incluso aseguró que trabajaría con Diego Maradona, con quien tuvo enfrentamientos en la Selección: "El presidente es el que decide el DT, si decide que sea Maradona, él va a hacer su trabajo como entrenador y yo como jugador. Estaremos en el mismo barco... Nadie se salva solo".

También hubo mimos al Bichi Borghi ("Se lo extraña en el vestuario") y tiró una promesa para el socio de Boca: "La semana que viene me voy a juntar con el presidente para ver en qué se puede ayudar al club con mi sueldo, no me siento cómodo cobrando al estar parados seis meses". Con el dolor de la lesión latente, en la pierna y en la cabeza. Pero con la ilusión de revertirlo. ¿Podrá?

Lejos del roce en el vestuario, Riquelme y Palermo fueron juntos a un evento de La Doce en San Fernando, que gracias a ellos recaudó una fortuna.


Riquelme toca con Gaitán y va a buscar la devolución. La pared es deliciosa. Es 12/4/10 y la Bombonera arde. Román queda ahora solito frente a Campestrini, el arquero de Arsenal. Puede definir él pero prefiere tocársela al goleador que viene entrando para que la empuje sin oposición a la red. Sí, es gol de Martín, de Palermo, el 219, con el que pasa a Pancho Varallo y se convierte en el bombardero histórico xeneize. La Bombonera espera el festejo conjunto de sus ídolos, pero no: el diez pone de manifiesto todo lo que lo separa del nueve y se va a hacer el Topo Gigio por su lado. El Titán lo mira y, resignado, abre los brazos en solitario. Si faltaba un gesto para demostrar que eran el agua y el aceite, acaba de producirse. De ahí en más, el mundo Boca ya lo sabe: sus referentes no se bancan y no van juntos ni a tomar un café a la esquina. Pero, lo que la pelota no puede, lo que la dirigencia no logra, lo hace la barra....

Demostrando una vez más el poder inmenso de La Doce en el club, Mauro Martín y sus secuaces organizaron una función estelar del negocio de las peñas, esto es, llevar players al Interior y zonas del Gran Buenos Aires y armar cena show donde se cobra cubierto, foto con el ídolo y prendas autografiadas. Los jugadores, que se jactan de no poner plata, en realidad lo que hacen es financiar a los violentos con su presencia. Palermo ya había asistido a varias y Riquelme hizo su primer aporte dos años atrás, en Luján. Pero nunca habían estado juntos. Hasta este lunes: en la noche de San Fernando, en un salón para 300 personas ubicado pasando el Bingo King de la calle Madero, los dos ídolos entraron juntos y de la mano al altar de La Doce. El momento cumbre se dio a las 23,30, y Román debió aguardar a Palermo, que venía de un evento de la escuela Deportea. Adentro y desde las 22, la espera había sido matizada por Battaglia y Caruzzo, que entretuvieron a la multitud que pagó 100 pesos el ticket para estar allí. Ahí al comienzo se habló de que Borghi dejó un buen recuerdo, de que están mentalizados para ganar el próximo torneo y cuestiones futboleras por el estilo. Y cuando la impaciencia se iba colmando, las puertas se abrieron para el Diez y el Nueve. Ambos se quedaron media hora, agradecieron el apoyo de la gente y dijeron que tiraban para el mismo lado. Sí, para el de La Doce, que hizo un negocio redondo en contante y sonante (entre entradas y merchandising habrían levantado casi 40.000 pesos) y también bajaron un mensaje para su interna: mientras Di Zeo quiere volver y organizó una marcha previa al superclásico, Mauro mostró quién tiene el poder de la segunda bandeja que da a Casa Amarilla. Porque aunque suene tremendo, los jugadores y dirigentes le responden a él.

La movida comenzó a planearse la última semana de octubre. La Doce se garantizó la presencia de los dos popes y le encomendó a Carlos Santa Cruz, hombre de Virreyes con peso en la barra pero también en la política de la zona, la organización del evento. Santa Cruz eligió el mismo salón donde ya habían hecho dos movidas tribuneras y también una para un político grande del Justicialismo, e hizo una discreta convocatoria boca a boca y con pegatina de algunos afiches, tarea que fue encargada al Gordo Fernando, otro que para en el paravalancha y es patovica de Wall Street, un boliche de la zona. El número para comprar la entrada era el de un nextel y éstas se vendían en forma personalizada y con una condición: nadie podía llevar cámara de fotos. ¿Por qué? Porque las imágenes con los ídolos las sacaba el fotógrafo oficial de la barra, que daba números para que fueran desde hoy a buscar sus copias a un local de Tigre. Sí, todo una ingeniería puesta en función de recaudar fortunas.

Lo cierto es que algunos se sorprendieron de verlos juntos, pero hasta los incrédulos debieron rendirse ante la evidencia. Se sabe que Palermo siempre tuvo una relación amistosa con la barra. A Di Zeo lo fue a visitar a prisión y con Mauro hizo migas rápido, a punto tal que en la última gran pelea entre los dos referentes, justo tras el gol histórico a Arsenal, La Doce jugó para el goleador y colgó en el partido siguiente, frente a Gimnasia en La Plata, una bandera con la leyenda “Palermo, el único héroe en este lío”. Con Román, en cambio, hubo idas y venidas. Distante al comienzo, después se hizo fluida gracias a los buenos oficios de Cristian, hermano menor del jugador. Pero antes de aquel partido con Arsenal, hubo un cortocircuito: La Doce fue a apretar al plantel a la concentración, a Riquelme le dijeron que tenía que pasarle la pelota a Palermo y correr más, y eso provocó el desplante público del Topo Gigio. Pero la relación se recompuso a tiempo: Riquelme negó ante la Justicia haber sido apretado por la barra y las cosas volvieron a ser como antes. O mejor, como lo prueba el evento del lunes: todos juntos, brindando por el poder de una barra que tiene como escudo protector la connivencia de dirigentes, jugadores, políticos y policías. Un fresco del fútbol argentino donde la violencia es amo y señor y todos son cómplices de la misma.

martes, 23 de noviembre de 2010

Riquelme no podrá jugar hasta el final del torneo por una distensión en el tendón de Aquiles derecho.


Se sabía que era complicado que jugara, pero el parate fue comunicado por el cuerpo médico del club. Chau Román hasta el 2011.

El gesto de dolor y el pedido de cambio cuando apenas iban 7 minutos del pirmer tiempo en el superclásico fue un aviso, casi un anuncio de lo que vendría: la lesión de Riquleme en el tendón de Aquiles derecho no le permitirá jugar por el resto de la temporada y recién podría volver a las canchas en el 2011. Una lesión traicionera, que lo tiene parado desde hace varios meses, su último partido había sido el 9 de marzo, en los que apenas jugó ante Argentinos y el primer tiempo del superclásico en el Monumental.

Por eso y para evitar más especulaciones de acá al final del Apertura, el cuerpo médico de Boca difundió oficialmente el parte médico y la dolencia de Román. "Tendinitis aquiliana derecha. No juega hasta fin de año", dice el parte médico del club.

También difundieron las dolencias de otros jugadores. Cellay tiene una contractura en el aductor izquierdo, Viatri un traumatismo en el peroné izquierdo, inzaurralde un traumatismo en el pie izquierdo, Palermo, carga muscular en ambos gemelos. Paredes tiene una fractura en el pie y no juega hasta el año próximo y Medel una lumbalgia.

Panorama oscuro éste de Boca, sin el 10 hasta el año que viene. Un 10 que sólo pudo jugar un solo partido en el semestre.