martes, 29 de junio de 2010

Mundial 2010...Luego de los dos goles Carlitos dice


Cómo se sopla para que haga ruido esta corneta?". Tevez viene de gritarle un gol a México con un derechazo a 111 kilómetros por hora, pero le falta un poco de fuerza para hacer que truene la vuvuzela con los colores de Sudáfrica. Cuando le sale, recién al quinto intento, repite su sonrisa de buen pibe. No fue una pose haber querido que su camiseta número 11 dijera simplemente Carlitos. Y aunque la FIFA no lo haya dejado, en su camiseta igual se lee Carlitos por más que las letras digan Tevez. Nunca, ni siquiera cuando empezó a ser reconocido, quedó enredado por el ego que suele dispararse en las estrellas del fútbol mundial. Siempre fue Carlitos. Y más ahora que Olé, por un rato, le presta el símbolo del Mundial...

-¿Se escuchan las vuvuzelas desde la cancha?

-Sí, no sabés... Con esas sirenas, trompetas, qué se yo qué son, se hace muy difícil hablar con tus compañeros. Tenés que gritar y te quita el aire. Parece una boludez lo que digo, pero son muy molestas.

Está en horario de multa, pasadas las nueve de la noche en Pretoria. Afuera no hace tanto frío como otros días. Lo esperan sus compañeros, Diego Maradona y la figura del día: un asado de los que sólo pueden comer en la concentración argentina. El igual no se apura, jamás oculta su sencillez, siempre deja ver que está feliz, en estado de máximo disfrute. "Mirá la tapa, ja", dice y vuelve a mostrar los dientes por la gigantografía de Olé con el título "La Tevez adentro". Carlitos se mira como si se tratara de un espejo. No llega a percibir que son 20 páginas que arman un todo con su foto, que hubo que recortarlas y acomodarlas para tener un fondo para la producción. Apenas escucha que la propuesta es vestirlo como un hincha, porque Tevez juega con la pasión de los hinchas, no duda. Cambia su gorrito negro oficial por uno celeste con la leyenda Argentina, que fue comprado en una feria de la ciudad; abraza su cuello con una bufanda, también obtenida en el mismo lugar, y esta vez la camiseta celeste y blanca va protegiéndole el hombro. Tevez, el jugador del pueblo, se viste como el pueblo para una foto histórica y exclusiva. Los papelitos vuelan entre él y la vuvuzela. Por un rato vuelve a la cancha, como cuando era un nene, iba a la Bombonera y su papá Segundo, el mismo que ahora lo mira con devoción, lo hacía sentar en sus hombros para que pudiera ver mejor a sus ídolos...

-Contra México, más que nunca fuiste el jugador del pueblo. ¿Sabés de la euforia que hay allá?

-Sé que toda la gente en la Argentina está muy ilusionada. Por eso, para mí, gritar un gol es como gritarlo con todos ellos. Es como que abrazás a esos hinchas. Al besar el escudo de la Selección les digo que yo amo a mi país. Cada vez que entro a la cancha pienso en eso. Cuando meto un gol con la camiseta argentina se me aflojan las piernas, viste...

-¿Creíste que te anulaban el primer gol? Fue un tremendo offside.

-Sí, yo pensé que me lo anulaba. Ese hijo de puta que pasó el video, una vergüenza, eso no se puede hacer, viejo. Por eso Leo (Messi) se paró y nadie corría conmigo para festejar el gol... Cuando el línea fue para la mitad de la cancha, me tranquilicé.

-Antes del Mundial parecías el jugador número 12. Le pediste a Maradona que abriera la cabeza y al final lo convenciste.

-Diego llegó a mi habitación un día y me dijo 'yo sé que la vas a romper'. Son sus predicciones, ja.

-¿Vos cómo te ves ahora que estás jugando?

-Estoy cumpliendo lo que quería. Me preparé mucho para estar bien. Quiero demostrarle a la gente que dejo la vida por esta camiseta que amo. Voy agarrando confianza, y ojalá pueda seguir así. Como dije después del partido, necesitaba un partido así.

-¿Te ganaste el puesto en las prácticas?

-Sí. Sabía que debía demostrar no sólo en los partidos. Y como no hubo tantos amistosos, Diego se iba a llevar por las prácticas. Eso me ayudó.

-¿De qué vas a jugar de ahora en más?

-Yo voy a hacer lo que la Selección necesite. Si es más cerca del área, lo haré. Y si soy necesario más atrás, también. Diego el domingo me había pedido que jugara un poco más de delantero y por suerte pude hacer dos goles.

-¿Te sorprende el nivel de la Selección en lo que va del Mundial?

-Nosotros vamos con la humildad que nos trajo hasta acá. Hay que seguir así, cada uno cubriendo al otro, no bajando los brazos entre quien entre a jugar. Tenemos jugadores arriba que en cualquier momento pueden desequilibrar. En los Mundiales es una virtud importantísima.

-Igual reconociste que te enojaste cuando Diego te sacó contra México.

-Fue un rato de calentura, pero ya pasó. En ese momento sentí que no era el único culpable de que Argentina no tuviera la pelota. Pero la verdad es que nadie merece que yo ponga cara de ojete por un cambio. Lo hice después del partido y lo vuelvo a hacer: pido disculpas.

-Se te ve siempre cerca de tu familia. Acá, a unos metros, están tu papá y uno de tus hermanos.

-Mi gente está feliz por mí. Saben lo que luché para tener un buen Mundial.

-¿Por dónde pasó esa lucha que decís?

-Desde el primer partido en el Manchester City jugué pensando en el Mundial. Trabajé con una nutricionista porque me voy de peso, viste, pero acomodé el tema de la masa muscular y bajé unos cinco kilos. Así también me siento mejor. Aunque en el camino hubo que meterle mucha lechuguita al tema, ja.

-En diciembre declaraste que tu tiempo en la Selección había pasado. Pareció crudo pero realista. ¿Qué cambió para que ahora estés tan metido?

-No cambió nada. Tengo que seguir remándola mientras tenga chances y demostrar. Sabía que en las Eliminatorias no me había ido tan bien, me habían expulsado dos veces, había errado un penal contra Ecuador. Pero la gente nunca me criticó cuando jugaba mal. Declaré eso porque le tocaba jugar al Pipita, que hacía goles, y me sentía afuera...

-También dijiste que tenías más hambre de gloria que en el 2006. ¿Eso significa que te faltaba en ese Mundial?

-La verdad, sí. Cuando uno es más chico, viste, a veces no se da cuenta del todo lo que significa un Mundial. Ahora soy más grande, lo valoro distinto. Ya había dicho que me sentía mejor que en el 2006. Por suerte ahora lo pude demostrar jugando.

-¿Este partido puede ser un desquite con Alemania del Mundial 2006?

-En ese partido sufrí por la eliminación. Lo teníamos ganado y lo perdimos por penales. Pero acá tenemos que estar muy tranquilos. No hay que tomarse las cosas con rencor, no es una revancha. Le tenía más miedo a México porque juega bien al fútbol y Argentina sufre cuando no tiene la pelota.

-¿Seguís durmiendo solo en la concentración?

-Sí, pero está todo bien. Me acostumbré a la rutina de Inglaterra, donde todos dormimos solos. Entonces por ahí quiero apagar la tele o andar desnudo por la pieza y no queda bien, ja. Todos se piensan que estoy saltando en la cama, escuchando cumbia y pegándoles a las paredes. Pero estoy muy tranquilo viendo películas.

-¿Soñás despierto o cuando cerrás los ojos?

-Ahí me doy máquina solo: todas las noches me acuesto soñando con ser campeón del mundo con la Selección. Me haría muy feliz llevarles una alegría a los hinchas argentinos.

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